La mayoría de los hombres no se da cuenta de cuán victimizados son por su compulsivo obsesivo deseo sexual. Miran el ritual del apareamiento como el mayor regalo de la vida, en lugar de un colosal y contraproducente derroche de energía.

Contrario a lo que nos enseña nuestra cultura, los hombres necesitan a una mujer o al sexo para “convertirse en hombres”.

A medida pasan los años, para la mayoría de los hombres, van descubriendo que aunque pueden desempeñarse sexualmente, no necesitan hacerlo, lejos de ser una cuestión que cause alarma, proporciona alivio.

Después de la supervivencia, el impulso reproductivo es nuestro instinto natural más poderoso. La mayoría de los hombres no se da cuenta de cuán victimizados son por este instinto. Cuando siente atracción por una mujer, rara vez piensan: “Vamos, la naturaleza conspira para que propague la especie”.

En lugar de eso, sienten fascinación por cualquier joven mujer (ej. fértil), sin importar su personalidad, carácter, virtudes o inteligencia. Invierten mucho en ella y por lo general, ella no los desengaña.

EL ENGAÑO DE LA CULTURA POPULAR

Contrario a lo que se nos enseña, los hombres no necesitan a una mujer “para ser hombres”.

La cultura popular nos vende un engaño.

Jung dijo que cuando los hombres hacen a Dios a un lado, entonces comienzan a fabricar falsos dioses.

Nuestros amos de la Élite Financiera nos han programado para hacernos retroceder, creando una imagen desacreditada, simple y fácil de Dios, quien jamás ha sido un anciano chalado que permite que el mal triunfe.

Él es el Espíritu de la Perfección que en parte habita en nos. El amor es el deseo de nuestro espíritu por regresar al absoluto. Todo amor es un amor de Dios, por ejemplo: Perfección (verdad, belleza, divinidad, justicia, bendición, armonía). La voluntad no podría hacerse a menos que los hombres y mujeres la hagan. Dios no es responsable por el mal que hay. La humanidad misma es responsable de eso.

La Élite Financiera utiliza películas y música para hacernos desear el sexo y el romance en lugar de buscar a Dios. Promueven el sexo porque desean definirnos únicamente a través de nuestros deseos físicos.

El amor romántico es una forma de idolatría, causada por esta necesidad religiosa sublimada. El objeto de nuestros deseos lujuriosos pasa a ser “Perfecto”.

No hay nada místico en la sexualidad, cuando está divorciada del amor. La atracción sexual es meramente un instinto reproductivo.

Gracias a la pornografía y a los medios de comunicación, somos adictos al sexo y al romance. Sufrimos de una psicosis, una aberración mental y una patología a nivel colectivo. Estamos obsesionados con el sexo, “poseídos” en términos ocultistas.

LAS MUJERES NO SON LA PRIORIDAD PRINCIPAL DE LOS HOMBRES

Una mujer es periférica para un hombre que sabe lo que quiere y subconscientemente las mujeres saben esto. Las mujeres instintivamente rehúyen de los hombres quienes las ponen en un pedestal.

El amor ciego que inflama el corazón causa un desarrollo interrumpido en los hombres. Es por esto que los medios de comunicación de la Élite Financiera invierten en vender esta imagen idealizada e independiente de las mujeres. Cualquier hombre que piense que no puede vivir sin una mujer está destinado a permanecer como un niño toda la vida. Está buscando su lugar en el lugar menos indicado.

Un hombre joven debe elegir una esposa que le ayude a alcanzar sus metas. Una de esas metas debería de ser una familia. Los niños son proyecciones de nosotros en el futuro. Son nuestra ofrenda a Dios, un acto de fe. Un hombre joven debería de buscar a una mujer que lo complemente y con quien sea fácil convivir.

Subconscientemente, las mujeres desean servir a Dios. Los hombres y las mujeres fueron creados para ser agentes de Dios. Conocemos a Dios al hacer su voluntad, al servirle mediante nuestras acciones. Las mujeres sirven a Dios al servir a su esposo e hijos y su vez son amadas, honradas y se les atiende a cambio. Cuando las mujeres sólo sirven a sus propios intereses, acaban solteras y amargadas.

LA EROSIÓN DE LA CIVILIZACIÓN

El sello de la civilización es la limitación del sexo al amor y al matrimonio. Esto humaniza al sexo y lo consagra a la formación de una familia, lo cual es esencial para el éxito de la sociedad.

La alternativa es el “amor libre” donde el hombre es prácticamente un perro y la mujer una boca de incendio. A través de los años, me di cuenta que el sexo es algo que vale la pena y tiene un hondo significado espiritual, que los orgasmos son místicos y que el auto-control (“represión”) causa neurosis. Woody Allen lo resumió así: “Para una experiencia vacía, el sexo es lo mejor que hay”.

Pongamos este conflicto en una perspectiva histórica. Hace 45 años, nuestras costumbres sexuales estaban gobernadas por principios religiosos. En 1960, había aún un estigma social contra los hijos ilegítimos. No estoy a favor de la crueldad contra nadie, pero este estigma fue removido por una fuerza poderosa determinada a destruir la institución de la familia.

Criticamos la posición de las mujeres en los países musulmanes, nos enorgullecemos de nuestra cultura occidental, sin estar conscientes de que en lugares como en Chicago, en 1912, una mujer podía ser multada por enseñar demasiado sus piernas. Ben Hetch se acuerda cuando la policía arrestaba a mujeres por “fumar cigarrillos, por comprar si sus corsés o… por ser malcriadas… por usar pantalones y calzonetas, por besar en público, por llevar un sombrero para hombre, por sentarse sola en una cafetería o por beber en una taberna, por manejar un automóvil sin un acompañante masculino, por maquillarse demasiado o por cortarse demasiado corto el cabello”. (A Child of the Century, p. 47).

Esto es un recordatorio para nuestra civilización que se cimentó en valores cristianos. Estas proscripciones fueron extremas y necesitaban reforma, pero tenían una sólida lógica. Estaban diseñadas para orientar a las mujeres al rol de esposa y madre, en lugar de convertirse en objetos o accesorios para entretenimiento sexual, como ahora.

Las fuerzas que removieron estos tabúes igualmente denigraron el rol de esposa y de madre, todo ello para convertir a las mujeres en lo que son actualmente, en meros objetos de servicio. Privadas de su rol natural, en la actualidad muchas mujeres jóvenes viven una existencia en crisis, de la cual intenta escapar con drogas, alcohol y sexo casual.

Estas fuerzas ocultas no están adoctrinando dentro de su culto sexual sin estar conscientes de ello. “Secular” es la etapa de transición hacia el satanismo. Las “libertades” que tanto defienden de la auto-disciplina necesaria para crecer sanos y felices. Hasta que reconozcamos que la humanidad está sometida a fuerzas oscuras, seguiremos aceptando todo lo que la Élite disponga sin rechistar. Los ingenieros sociales de la Élite Financiera están librando una guerra no declarada contra nuestra sociedad. Al subvertir los roles de los géneros y separar al sexo del matrimonio y la procreación, ellos esperan desviar, degradar y sedarnos, para controlarnos.

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