Un filme reciente acerca de la masacre de 14 mujeres jóvenes en L’Ecole Polytechnique en 1989 ha despertado el debate acerca de un aspecto poco conocido de esta trageida: el comportamiento pasivo de los 50 hombres jóvenes en la clase de ingienería.

Ellos dócilmente obedecideron al pistolero, Marc Lepine de 25 años, cuando les ordeno que salieran. Lepine procedio a disparar cerca de 30 tiros contra las mujeres, de izquierda a derecha, dejando atrás a 9 víctimas, 6 de las cuales murieron. Antes de suicidarse, mató a otras ocho mujeres e hirió a 10 mujeres y 4 hombres en los pasillos, la cafetería y otros salones de clase. Cargó su arma varias veces, pero nadie saltó para impedírselo y detenerlo.

En el primer salón, él dijo a las jovencitas: “¿Saben porque están ustedes aquí?”

Una chica respondió: “No”.

“Estoy luchando contra el feminismo”.

La chica respondión: “No somos feministas, nunca he luchado contra los hombres”.

Él apuntó con su rifle de cacería y comenzó a disparar.

En una nota suicida, Lepine dijo: “He decidido enviar a las feministas, quienes siempre han arruinado mi vida, con su Creador. Por siete años la vida me ha dado infelicidad y estoy totalmente hastiado, he decidido ponerle un fin a estas agresoras”.

Las activistas lesbianas y feministas reaccionaron rápido para explotar esta tragedica como “El Día Nacional del Reucerdo y Acción sobre la Violencia Contra las Mujeres”, como si la masacre fuera alguna manera apropiada de caracterizar este problema. Los listones blancos recuerdan a las mujeres jóvenes que dentro de todos los hombres se esconde un asesino en serie. De ese moda estas activistas destruyen la confianza que es el corazón del amor de una mujer por un hombre.

Pero qué tal si, en ese primer salón de clase, los jóvenes hombres no hubiera sido separados de las chicas, y se hubieran negado a abandonar la clase? ¿Qué tal si se hubieran lanzado contra Lepine, en lugar de eso? Si hubiera fracasado eso, ¿qué tal si hubieran salido a perseguir a Lepine tan pronto como hubiera abandonado el salón de clase?

La ironía es que la castración producida por el feminismo probablemente contribuyó a la tragedia. Los hombres solían ser más protectores con las mujeres. Este punto fue tocado por Mark Stey en su crítica del filme “Polytechnique” en la revista Maclean:

“La imagen que define la masculinidad contemporánea en Canda no es la de Lépine… sino la de los profesores y los homres en ese salón de clase, quienes, habiéndo recibido la orden de salir por el pistolero solitario, dócilmente hicieron caso, y dejaron a sus compañeras a su suerte — un acto de abdicación que sería impensable en cualquier otra cultura a lo largo de la historia humana. Los “hombres” se quedaron a fuera en el pasillo e incluso cuando oyeron los primeros disparos, no hicieron nada. Y, cuando terminó y Lépine salió del salón de clase pasando frente a ellos, tampoco hicieron nada. Cualquiera que sean sus otros defectos, la masculinidad Canadiense no sufre de un exceso de testosterona”.

LA MASCULINIDAD EN CANADÁ: ¿UNA CONTRADICCIÓN?

Esto levantó una airada discusión en la sección de Comentarios. Un hombre escribión:

“Esto es nada comparado con el visitante Polaco que vino a Canada, que fue abatido con choques eléctricos en el Aeropuerto Internacional de Vancouver, ya que cuatro bien entrenados (¿¿??) policías pensaron que un hombre no armada era una amenaza para ellos. La pregunta importante tiene que ser: “Tan solo cuántos policías se necesitan para lidiar con una persona “armada”? Quizás ellos piensa, que los criminales se reirán hasta no poder, cuando vean esta clase de incompetencia. Para añadir más insulto a la ofensa, esta atrocidad es llevada a las cortes, donde recibirá “Justicia Candiense”.

En RCMP otro hombre comentó: “Leyendo esto, me trajo a la memoria lo que leí sobre el final del apuñalamiento y degollamiento de Tim McLean: que los oficiales de RCPM se quedaron afuera del bus por HORAS viendo a Vincent Li apuñalar, descuartizar y canibalizar el cuerpo de su víctima”.

Otro hombre relata cómo lucho por quitarle el arma a un asaltante y lo mató: “Jalé el gatillo y le disparé a mi asaltante. Minutos después, la policía llegó y me arrestó. Mi asaltante muere unas tres horas después en el hospita. Eso es Canadá, me costó más de $15,000 en costos legales”.

Pero él dice que lo haría de nuevo: “Pero tengan por seguro, que cualquiera que ponga en riesgo mi vida, la de mi esposa y la de mis hijos o la de cualquiera con quien tengo una conexión afectiva, no dudaré por un segundo. Mataré de nuevo. He aprendido desde entonces que mis tres hijos (dos niñas y un niño) comparten la misma filosofía. Los neuro-psicólogos – muchos en puestos militares – me han asegurado que esto no es cuestión genética, sino que producto de la suerte.

“Todo lo que se ha dicho, lo encuentro INCREÍBLE que ningún tan solo hombre quien dócilmente dejó el salón de clases en la Ecole Polytechnique ese día haya hecho nada al respecto. Soy además bilingue y bicultural, y más de algunos cuantos hombres en Quebec me han confiado su indiginación ante la prevalencia de “les hommes rose” (“hombres rosa”) entre las generaciones procesadas por los sistemas de educación públicos desde mis propios días en la escuela. Los héroes no nacen de esa manera, pero los cobardes paracen haber sido condicionados por cobardía. Bienvenidos al mundo post-moderno feminizado y maricón de esa mierda llamada “educación pública”. Después de todo, estás pagando por eso”.

Finalmente, otro hombre agregró: “A lo mejor al hacer sentir mal a los hombres por se hombres, en todas las acusaciones de pretender ser violadores, se han convertido en tan dóciles y flexibles que ya no son capaces de actuar como hombres de verdad…”

CONCLUSIÓN

Lepine (su verdadero nombre era Gabil Rodrique Ghabi; tomó el nombre de su madre a la edad de 13) era un psicópata que no podía conseguir una cita con una chica. Si él hubiera mostrado su frustración de una manera no-violenta, no habría tenido ningún problema.

¿Estamos juzgando a los compañeros de las chicas que fueron acribilladas en la clase muy duramente? Después de todo, tan solo tenían entre 19 y 21 años. El reporte del juez indica que algunos pensaron que se trataba de alguna broma.

Sin embargo, el incidente ilustra el desenredo del tejido social causado por el feminismo. Como ya he dicho, el matrimonio heterosexua y la familia construyen y perpetuan la sociedad. Los hombres buscan el poder; las mujeres buscan el amor. El matrimonio está basado en el intercambio del poder de la mujer por el poder del hombre expresado como amor. Ambos mujeres como hombres se sacrifican de diferentes maneras. Las mujeres motivan a los hombres para que se conviertan en sus protectores y proveedores (mientras ellas tienen hijos). En el hombre de la “igualdad”, el feminismo inspirado en el Comunismo desafía el poder del hombre castrándolo y reduciéndolo a cobardía.

Los hombres y las mujeres necesitan re-establecer sus lazos como compañeros en lugar de rivales. Los días que se vienen pueden requerir sacrificio. Esta historia sugiere que los hombres que no tienen a nadie a quien proteger no harán ningún sacrificio.

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