Es fastidioso sobre su apariencia, su casa y sus posesiones. Quiere tener tanto sexo como sea posible y escoge parejas sexuales mayormente sobre la base de su apariencia. Vive ensimismado y no quiere involucrarse emocionalmente o comprometerse. Piensa que una mujer lo perjudicaría y los niños serían un obstáculo.

¿Qué clase de hombres es este?

Es fastidioso sobre su apariencia, su casa y sus posesiones. Quiere tener tanto sexo como sea posible y escoge parejas sexuales mayormente sobre la base de su apariencia. Vive ensimismado y no quiere involucrarse emocionalmente o comprometerse. Piensa que una mujer lo perjudicaría y los niños serían un obstáculo.

¿Te suena esto a comportamiento gay?

Es además el ideal perseguido por la revista Playboy para hombres desde 1950. Al final de los días, cuando abrieron el sobre rotulado “¿Cuál es la esencia de la masculinidad?” sospecho que decía: “Buscando mujer y niños. Los hombres actuan como agentes de Dios al crear y mantener nueva vida. La familia es la unidad celular de la vida humana”. Pero en 1972, 3 de cada 4 hombres en edad universitaria obtuvo sus ideas sobre masculinidad a través de Playboy, a un precio incalculable para sí mismos, las mujeres, los niños y la sociedad.

La similitud entre Playboy y el ideal homosexual no es ninguna coincidencia.

“El Reporte Kinsey” (1948) dibujó las tendencias de comportamiento actuales hacia el sexo. Idealizó la liberación sexual y la convirtió en el manifesto de la contracultura y revolución sexual. Inspiró a Hugh Hefner para comenzar Playboy en 1953. Esencialmente decía que el comportamiento sexual aberrante era tan común como para ser normal. Gracias a la sicóloga Dr. Judith Reisman, sabemos que Alfred Kinsey y “El Reporte Kinsey” fueron fraudes. Kinsey, un zoólogo de la Universidad de Indiana, pretendía ser un hombre de familia Conservador. De hecho, era un abusador de niños y un pervertido homosexual quien sedujo a sus estudiantes masculinos y forzó a su esposa además de a sus asociados para participar en sus filmes pornográficos hechos en casa.

La agenda de Kinsey, en palabras de Reisman fue “suplantar lo que el vió como una estrecha era procreacional judeo-cristiana con un paraíso promiscuo pedófilo bi/gay donde “todo se vale”. (Crafting Gay Children: An Inquiry, p.4) Más del 25% de su muestra fueron prostitutas y prisioneros que incluían a varios abusadores sexuales. Kinsey, quien murió prematuramente de una enfermedad asociada a su excesiva masturbación, dijo que el 10 por ciento de los hombres estadunidenses eran gay cuando, de hecho, solo el dos por ciento lo era. Kinsey y su equipo de pedófilos abusó sexualmente de 2,000 infantes y niños para probar que tenían necesidades sexuales legítimas. Reisman concluye: “Las crecientes patologías libidinosas de los Estados Unidos…enseñadas en las escuelas…y reflejadas en nuestras obras de arte, la prensa, la ley y la política pública cláramente reflejan las sicopatologías sexuales documentadas por el equipo mismo de Kinsey”. (Kinsey: Crímenes y Consecuencias)

Hugh Hefner dijo que el Reporte Kinsey “produjo un tremendo despertar sexual, mayormente por la atención de los medios…veo realmente a Kinsey como el comienzo. Ciertamente el libro fue bastante importante para mí”. Con fervor mesíanico, Playboy tomó su mensaje de libertad sexual para el hombre estadunidense que entre 1950 y 1960 consagraba el sexo para el matrimonio. Pero la libertad fue ilusoria. El fin de Playboy, el fin de todos los pornografistas, fue envilecer al hombre en la fantasía. Para lograrlo, tenían que evitar que buscaran la verdadera satisfacción en el matrimonio. En palabras de Reisman, “Playboy fue la primera revista nacional en explotar los temores de los hombres universitarios hacia las mujeres y hacia el compromiso matrimonial. Playboy se ofrecía como una fuente confiable, cómoda y sustituta del amor heterosexual monógamo”. (Soft Porn Plays Hardball, p 47)

Es así como nuestros “enemigos jurados”, tanto Playboy como las feministas, encontraron un campo común en su odio hacia la heterosexualidad saludable expresada en la familia. Como resultado de la revolución (homo)sexual, la sociedad actual sufre las epidemias del deterioro familiar, la pornografía, la impotencia, el abuso sexual de menores, la violencia sexual sádica, los embarazos adolescentes, un cóctel de enfermedades venéreas, divorcios, etc. La tasa de nacimientos ha decaído considerablemente a un 60% desde 1960 y esta por ahora por debajo del nivel de reemplazo generacional. Pero no debemos de mantenernos en el camino del progreso social.

La homosexualidad es un desorden del desarrollo causado cuando un niño fracasa en emular a su padre. El sicólogo Richard Cohen, en “Coming Out Straight: Understanding and Healing Homosexuality” (2000) argumenta persuasivamente que al tener sexo con hombres el adulto gay trata de compensar el amor paterno negado durante la adolescencia. Cohen fue un homosexual declarado, ahora esta casado y tiene tres hijos. Él atribuye el lesbianismo a la reacción de la mujer a ser abusada por su padre. Él ha curado a cientos de homosexuales, pero esta bajo constante amenaza de la agenda política gay, (ej. redefiniendo las normas sociales).

El siquiatra Jefrey Satinover ha destacado que otra de las causas de la homosexualidad. Una encuesta en 1990 hecha entre 1000 gays muestra que un compañero mayor o más fuerte que ellos abusó físicamente del 37% de ellos antes de la edad de 19. (Homosexualidad and American Public Life, 1999, p.24). Además, de acuerdo to Anne Moir en “Why Men Don’t Iron”, algunos hombres pueden “nacer gays” debido a un desbalance hormonal en el feto. Estos parecen ser una extrema minoría dentro de una minoría.

Por muchas décadas, a los gays se les dijo que estaban “enfermos” y eran cruelmente perseguidos. Su solución: convencer al mundo que, de hecho, son los heterosexuales los que están enfermos. En 1973, forzaron a la Asociación Americana de Sicología para que proclamaran la homosexualidad como normal. Junto con las feministas (quienes creen que la heterosexualidad es inherentemente opresiva) los gays comenzaron a desmantelar todas las instituciones de la heterosexualidad: la masculinidad, la feminidad, el matrimonio, la familia, los boy scouts, los deportes, las fuerzas armadas, el sistema de educación y nuestra herencia judeo-cristiana.

Valiéndose de su posición en los medios, los gay y sus patrocinadores liberales ahora dictan nuestra sensibilidad cultural. Son los responsables de la obsesión infantil con el sexo pornográfico que invade la televisión, los videos musicales y el Internet. Este estado de desarrollo opresivo de la humanidad es característico de los homosexuales que tienen dificultad para formar relaciones satisfactorias de largo plazo. Con mujeres heterosexuales actuando como hombres y vice-versa, nos hemos comvertido en ellos.

Los manuales de liberación gay hablan acerca de “normalizar” su sexualidad y “desensibilizar” a los heterosexuales normalizándolos. Quedé impactado cuando vimos por la TV con mi hijo de 10 años una película Billy Madison con Adam Sandler y escuchamos a uno de los jovencitos en la película preguntarle casualmente a otro: “¿Qué prefirirías clavársela a Pamela Anderson o a un Jack Nicholson joven?”. La semana pasada, en la TV en “Will and Grace”, Jack quien es gay dice “kiss the cook” pretendiendo que la última “o” se oyera como “c”. Tal y como los comunistas una vez convencieron a las personas de que ser radical era chic, los gays ahora definen las tendencias para los liberales.

Los activistas gay y feministas piensan que la moralidad tradicional fue inventada para perpetuar un status quo injusto. De hecho, la moralidad es la sabiduría acumulada de la humanidad respecto a lo que es saludable y ultimamente satisfactorio. La perversión es la desviación de lo que es saludable. La moralidad heterosexual coloca al sexo en un contexto de amor y/o matrimonio porque “humaniza” el apetito sexual. Asegura que el acto físico más profundo e íntimo entre dos personas exprese una conexión emocional y espiritual. Esta es la única manera en la que el sexo puede ser verdaderamente satisfactorio tanto para hombres como para mujeres. Es además saludable para la sociedad porque provee para el resultado natural y necesario del amor, los niños.

Con la ayuda de Hugh Hefner, Alfred Kinsey desvincula el sexo del amor y la procreación. La reduce a otra función meramente física como orinar. Los homosexuales parecen ser los campeones del sexo anónimo en los baños, algunos fornican a traves de un orificio en las paredes que dividen los cubículos de los baños. La mayoría tiene decenas a centenas de compañeros sexuales cada año. En forma menos extrema, este es el modelo que los heterosexuales han adoptado. Recientemente una columnista social del National Post con envidia describió a las parejas heterosexuales que ella conoce que se han separado: “ahora están de vuelta en fiestas, con tiempo libre y teniendo sexo, parecen haber recuperado sus vidas”.

En conclusión, la “revolución sexual” fue realmente un triunfo de los perversos valores y normas homosexuales. La agenda gay-feminista es la de redefinir lo saludable como una desviación y vice-versa, han tenido éxito. En cortos cuarenta años, casi todas las limitaciones sexuales se han disuelto y la sociedad heterosexual esta desapareciendo. La distorción y deterioro cultural de nuestra sociedad tan solo se pondrá peor. Necesitamos una contrarrevolución.

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